Las principales vías del área metropolitana de Vigo permanecieron prácticamente vacías mientras se disputaba el partido de octavos de final del Mundial entre España y Portugal, que comenzó a las 21 horas. La AP-9, las autovías A-52 y A-55, así como la circunvalación VG-20, registraron un flujo vehicular excepcionalmente bajo, reflejando una pausa en la movilidad habitual de la ciudad.
Este fenómeno, comparado con niveles de tráfico similares a los vividos durante la pandemia, indica cómo eventos deportivos de gran alcance pueden modificar patrones diarios de desplazamiento. Además, el encuentro se transmitió en abierto por TVE, lo que probablemente incentivó a los residentes a seguir el partido desde sus hogares.
La disminución del tráfico no solo afectó las autovías de acceso y salida de Vigo, sino también las calles internas de la ciudad, que normalmente presentan alta congestión. Esta tregua en la circulación vehicular duró casi dos horas, abarcando el tiempo completo del enfrentamiento, que generó un ambiente inédito en las vías públicas locales.
Estas circunstancias muestran el impacto que tiene el fútbol como fenómeno social capaz de paralizar no solo a las personas sino también a la infraestructura de transporte en momentos clave. En ocasiones previas, eventos de gran magnitud con retransmisión abierta también han evidenciado este efecto.
