El avión de combate más avanzado de Rusia, el Su-57, ha incrementado sus operaciones en el conflicto ucraniano, aunque mantiene una estrategia cuidadosa para evitar ser derribado. Desde territorio propio, el caza dispara misiles de crucero a larga distancia, manteniéndose fuera de la cobertura efectiva de los sistemas antiaéreos ucranianos.

Esta modalidad de ataque a distancia, detectada con mayor intensidad en 2026, se basa en el lanzamiento de misiles Kh-59MK2 y Kh-69 desde corredores seguros ubicados cientos de kilómetros detrás de las líneas de combate. Con ello, la aeronave cumple un rol de plataforma remota, reduciendo significativamente el riesgo de pérdida y la exposición de tecnología sensible.

El uso del Su-57 en Ucrania no es completamente nuevo. El Ministerio de Defensa británico reportó su participación desde 2022, aunque con patrullajes y misiones limitadas orientadas a minimizar la visibilidad y la vulnerabilidad. El incremento reciente no implica un cambio doctrinal, sino una intensificación del ritmo de vuelos y ataques bajo esta táctica de operación remota.

Diseñado inicialmente bajo el programa PAK FA, el Su-57 realizó su primer vuelo en 2010 y entró en servicio con la Fuerza Aeroespacial Rusa en 2020 tras varios retrasos y pérdidas durante pruebas. Este caza bimotor monoplaza está pensado para atacar blancos aéreos, terrestres y navales, con capacidad para mantener velocidades supersónicas sin el uso de poscombustión.

La restricción en la exposición del Su-57 refleja la cautela rusa ante la limitada cantidad de unidades disponibles y la importancia estratégica de preservar la plataforma para futuros clientes internacionales. La operatividad actual evidencia un equilibrio entre su potencial ofensivo y la gestión del riesgo que implica su despliegue en un conflicto activo.