La producción de leche en Europa enfrenta una caída significativa debido a las olas de calor que se han registrado desde mayo, especialmente en Gran Bretaña. Este fenómeno climático ha provocado pérdidas cuantiosas en litros de leche, debilitando la oferta frente a una demanda que se mantiene firme y presionando los precios al alza.

En Reino Unido, la organización AHDB informó que la producción perdió ya 18,5 millones de litros, afectada principalmente por el estrés térmico que sufren las vacas lecheras. Este estrés reduce su capacidad de producción debido al calor interno que generan y la imposibilidad de disipar el exceso de temperatura ambiental.

Antes de comenzar la primera ola de calor, la extracción de leche estaba por encima del promedio quinquenal, pero tras ese episodio se redujo drásticamente hasta situarse apenas ligeramente por encima. La primera oleada causó una baja estimada de 5,8 millones de litros, y una segunda ola a finales de junio agravó la situación con una disminución adicional estimada en 12,7 millones de litros. La producción aún no se ha recuperado y, con una tercera ola de calor en curso, se anticipa que la caída continúe y la presión sobre la oferta se intensifique.

Este descenso en la producción no se limita a Gran Bretaña; otros países europeos afectados por las altas temperaturas muestran un patrón similar. Las consecuencias ya se hacen sentir en el mercado: las principales empresas procesadoras de leche, como Arla y Freshways, anunciaron incrementos en el precio pagado a los ganaderos, reflejo del desequilibrio entre oferta y demanda y el aumento de los costos de producción.

Bali Nijjar, director general de Freshways, calificó los últimos meses como muy exigentes y explicó que los incrementos en el precio base de la leche de alrededor de 3,5 céntimos de euro por litro buscan garantizar la sostenibilidad futura de los productores ante la presión económica actual.

Este efecto se trasladará en pocas semanas a los supermercados, donde el precio de la leche podría comenzar a reflejar estas tensiones, con un ajuste que podría consolidarse en el segundo semestre del año. La situación marca una advertencia clara sobre cómo el cambio climático y sus olas de calor influyen directamente en la cadena de producción y distribución de alimentos básicos.