Durante la noche, más de 52 mil residentes de Kiev buscaron refugio en estaciones de metro ante un nuevo y masivo ataque con misiles y drones que impactó la capital ucraniana. Entre ellos, se encontraban aproximadamente 4.500 niños, lo que refleja la gravedad del efecto que el conflicto ha tenido sobre la infancia en la ciudad.

El ataque incluyó una serie de bombardeos dirigidos a diversas áreas urbanas, con daños visibles en infraestructuras civiles y residenciales. Entre las construcciones afectadas se encuentra un edificio de nueve pisos cuya entrada sufrió un derrumbe parcial y cuyas plantas inferiores quedaron destruidas. Estos daños forman parte de una ofensiva más amplia que causó al menos veinte muertos y más de ochenta heridos, cifras que podrían aumentar conforme continúan las labores de rescate.

Uno de los sitios esenciales afectados fue un edificio de Aldeas Infantiles SOS, donde funcionan un Centro de Fortalecimiento Familiar y un Centro Juvenil. La organización confirmó que las explosiones rompieron ventanas, arrancaron puertas y ocasionaron daños estructurales que aún están en proceso de evaluación. Pese al impacto, no se reportaron heridos entre el personal, niños ni las familias apoyadas por esta agrupación.

Los equipos de Aldeas Infantiles SOS trabajan actualmente en la limpieza y recuperación de las áreas dañadas, priorizando garantizar la seguridad de las instalaciones para mantener la continuidad de sus programas. Estos incluyen apoyo psicosocial, educativo y familiar, servicios indispensables para una población infantil afectada desde hace años por la guerra.

El hecho de que miles de menores deban recurrir al metro para protegerse de los bombardeos evidencia las dificultades diarias que enfrentan. La prolongada exposición al conflicto interrumpe el desarrollo educativo y eleva los riesgos emocionales de una generación que ya acumula más de cuatro años bajo estas condiciones de conflicto constante.

El director de Aldeas Infantiles SOS en Ucrania destacó la profundidad del impacto del conflicto en los niños, señalando que la situación va más allá de una emergencia humanitaria inmediata y representa una crisis que compromete el presente y el futuro de toda una generación.