Ahmed Abulgueit, uno de los diplomáticos más veteranos de Oriente Medio, culminó su gestión como secretario general de la Liga Árabe después de una década signada por tensiones políticas, enfrentamientos armados y profundas divisiones entre los estados miembros. Su salida abre paso a Nabil Fahmy, también diplomático egipcio, quien asumirá el liderazgo durante los próximos cinco años.
Durante este periodo, Abulgueit tuvo que enfrentar una serie de crisis simultáneas que pusieron a prueba la capacidad de coordinación del organismo. Entre ellas se cuentan el boicot a Catar por parte de Arabia Saudí, Egipto, Emiratos Árabes y Baréin, así como los conflictos en Siria, Yemen y Libia, que desestabilizaron la región y derivaron en situaciones de Estados fallidos. También debió lidiar con la creciente influencia de potencias foráneas como Irán y Turquía, que intervinieron en distintos escenarios árabes, generando nuevas tensiones diplomáticas y militares.
La gestión de Abulgueit se caracterizó por una línea diplomática que defendió la soberanía estatal frente a grupos armados y milicias que amenazaron la unidad regional en países como Irak, Líbano, Yemen y Sudán. En particular, supervisó el proceso de reintegración de Siria a la Liga Árabe tras su suspensión en 2011, un paso complicado que reflejó el esfuerzo por recuperar canales diplomáticos pese a diferencias persistentes.
En este contexto cargado, su mandato también tuvo que afrontar episodios de violencia extrema, como bombardeos e invasiones en el sur del Líbano, el conflicto civil en Sudán, y los enfrentamientos en la Franja de Gaza que derivaron en un choque directo entre Israel, Estados Unidos e Irán. La respuesta del secretario general se manifestó en comunicados oficiales condenando intervenciones extranjeras y ataques contra países del golfo Pérsico, aunque sin acciones más directas frente a estas agresiones.
Originario de Egipto y con formación en comercio antes de ingresar a la diplomacia en 1965, Abulgueit fue una figura de la vieja guardia política egipcia. Su nombramiento generó reservas por parte de países como Catar y Argelia, debido a su edad avanzada y su vinculación con el gobierno anterior a la revolución de 2011. No obstante, fue reelegido en 2021, reafirmando su papel en el bloque panárabe a pesar de la continua fragmentación y los retos que enfrentó la región.
