Irán lanzó una serie de ataques con drones y misiles contra Baréin y Kuwait como represalia a recientes bombardeos estadounidenses en territorio iraní, complicando aún más las tensiones en el golfo Pérsico. Los ataques alcanzaron zonas próximas a bases militares clave, aunque no se reportaron víctimas fatales ni daños severos en las instalaciones militares.

Las defensas antiaéreas de Kuwait lograron interceptar varias de las aeronaves no tripuladas y misiles, mientras que en Baréin un edificio residencial cercano al aeropuerto internacional resultó afectado, pero sin víctimas. Baréin, sede de la 5ta Flota de la Marina de Estados Unidos, condenó estos ataques y los responsabilizó a la Guardia Revolucionaria iraní, señalando que impactaron la seguridad regional.

Este último episodio se enmarca en una escalada provocada por intentos de Washington y sus aliados por reabrir el estrecho de Ormuz sin la supervisión directa de Irán, lo que ha desencadenado varios enfrentamientos en la zona. Esta vía marítima es estratégica para el transporte de petróleo y gas natural, pues solía canalizar una quinta parte del suministro mundial.

El ministro iraní de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, reafirmó que Irán considera que debe mantener control directo sobre el estrecho y advirtió que cualquier iniciativa que excluya a Teherán atrasará la reapertura del paso y aumentará la tensión regional. Aunque la comunidad internacional ha considerado tradicionalmente el estrecho como paso internacional, se ubica en aguas territoriales iraníes y omaníes, un punto central del conflicto.

Simultáneamente, un organismo marítimo respaldado por la Marina estadounidense anunció una expansión de una ruta cercana a Omán para facilitar el tráfico marítimo en la región, reafirmando el interés internacional en mantener abierto este corredor.

En paralelo, se espera la reanudación de las conversaciones entre Estados Unidos e Irán, mediadas por Pakistán, que abordarán temas como el control y la supervisión del estrecho, el levantamiento de bloqueos en puertos iraníes y la situación de las reservas de uranio enriquecido de Irán. Estas negociaciones formaron parte de un acuerdo provisional cuya vigencia es limitada a sesenta días, y enfrentan además el desafío de la violencia persistente en Líbano, que pone en riesgo la continuidad del diálogo.

El gobierno estadounidense, bajo la presidencia de Donald Trump, asegura que las conversaciones técnicas siguen su curso pese a la escalada de acciones militares en la región. No obstante, el mandatario amenazó con la desaparición de Irán si las tensiones continúan elevándose, aumentándose así la presión en un escenario regional ya altamente volátil.