María Ruiz-Castell lidera un grupo de investigación que estudia la interacción entre desigualdades sociales y medio ambiente en la salud pública, con un enfoque especial en poblaciones vulnerables. Desde Luxemburgo, donde colabora con el Ministerio de Sanidad, impulsa políticas basadas en la evidencia científica para mejorar la salud comunitaria.
Su interés por estas temáticas surgió durante su formación en Biología Humana en la Universitat Pompeu Fabra, cuando combinó su pasión por la biología y la medicina con el deseo de evitar el trato directo con pacientes para dedicarse a la investigación. Posteriormente, durante su máster en Salud Pública, descubrió la epidemiología ambiental, disciplina que profundizó con proyectos en Bolivia y comunidades inuit en Canadá, donde constató cómo las desigualdades sociales y ambientales inciden conjuntamente en la salud.
Ruiz-Castell explica que en áreas tan diversas como Bolivia, con cohortes de niños y mujeres embarazadas, o en territorios indígenas de Canadá, los factores psicosociales se suman a los químicos y ambientales, ampliando la definición de exposición a riesgos para la salud. En Luxemburgo, su trabajo integra estas perspectivas para generar recomendaciones adaptadas a contextos sociales específicos.
Además de su investigación, destaca la facilidad que ofrece Luxemburgo para vincular los estudios científicos con la elaboración de políticas públicas, gracias a su tamaño y estructura institucional. Esto permite intervenir de manera más directa en temas de salud ambiental y desigualdad, promoviendo soluciones que consideran tanto el entorno físico como los determinantes sociales.
Para Ruiz-Castell, una crítica recurrente es que muchas políticas de salud se diseñan desde las instituciones sin tener en cuenta la realidad y necesidades de las comunidades afectadas. Por eso, aboga por un enfoque bottom-up que incorpore la evidencia científica con la participación activa de la población y los responsables locales.
Su experiencia confirma que las desigualdades en salud no pueden abordarse solo con intervenciones médicas o ambientales aisladas, sino con estrategias integrales que reconozcan la complejidad de las exposiciones y condiciones sociales. De esta manera, se pueden diseñar soluciones más efectivas y equitativas para mejorar la calidad de vida.
