El deporte de élite somete al organismo a un estrés fisiológico muy superior al de la población general, lo que puede afectar de manera transitoria la calidad del semen. Ejercicios extremos y sostenidos en el tiempo provocan alteraciones hormonales y metabólicas que inciden especialmente en la movilidad y morfología de los espermatozoides, dos factores esenciales para la fertilidad masculina.

Una de las causas principales es el aumento de cortisol, la hormona relacionada con el estrés, que eleva su nivel durante periodos prolongados de actividad intensa. Este desequilibrio hormonal suele ir acompañado de una reducción en la testosterona, lo que impacta negativamente en la producción y maduración de los espermatozoides. Sin embargo, estas afectaciones son generalmente reversibles y no implican infertilidad definitiva.

Además del esfuerzo físico, otros factores vinculados al estilo de vida de los deportistas profesionales también influyen en la calidad seminal. La constante presión competitiva, la falta de descanso adecuado, alteraciones en el sueño, viajes frecuentes con cambios horarios y el uso prolongado de ropa técnica ajustada pueden alterar la temperatura testicular, un elemento clave para mantener la función reproductiva óptima, ya que los testículos necesitan una temperatura ligeramente inferior a la corporal para producir espermatozoides saludables.

En este contexto, estudios internacionales han reportado un descenso sostenido en la calidad seminal durante las últimas décadas, atribuido a diversos factores ambientales y comportamentales, entre ellos aquellos asociados al deporte de alto rendimiento. Por ello, los especialistas que trabajan con estos atletas evalúan no solo el entrenamiento, sino también el descanso, la alimentación y otros elementos que afectan su fertilidad.