San Francisco del Rincón ha sido vulnerable a las inundaciones desde sus orígenes, con registros que datan de 1612 cuando el río Santiago se salió de su cauce, obligando a los pobladores a reconsiderar la ubicación del asentamiento para evitar futuras tragedias. Sin embargo, ningún evento alcanzó la magnitud del desbordamiento ocurrido el 11 de julio de 1976, que dejó muertos, desaparecidos y miles de damnificados.
Este episodio fatídico no fue un desastre aislado sino el culmen de siglos en los que el río ha causado severas afectaciones. Durante el siglo XIX, el municipio sufrió inundaciones cada vez más destructivas, como la de 1885, cuando la ruptura de una presa y el desbordamiento simultáneo del río inundaron amplias zonas, destruyendo cientos de viviendas y prácticamente borrando el barrio de San Miguel. A pesar de ello, no se reportaron víctimas fatales en ese entonces.
Las autoridades reconocieron tempranamente la amenaza y buscaron soluciones para mitigar el impacto de nuevas crecidas. En 1887 se impulsaron obras como el desazolve de arroyos y la construcción de bordos para contener las aguas. Sin embargo, las inundaciones persistieron durante las siguientes décadas, afectando a la población en 1888, 1910, 1911, 1914 y 1926, entre otros años.
La historia de San Francisco del Rincón está marcada por la relación conflictiva con el río Santiago, una amenaza recurrente que moldeó no solo el desarrollo urbano sino la memoria colectiva de sus habitantes. El desastre de 1976, con su saldo trágico, resaltó la urgencia de contar con infraestructura adecuada y planes de prevención para evitar que las lluvias y crecidas causaran desastres de tal magnitud.
