Tras meses de preparación y varias etapas, los peregrinos llegaron a Santiago de Compostela, culminando la experiencia con una mezcla de emociones que incluyeron alegría, lágrimas y sentimientos de logro colectivo. La mañana comenzó con nervios y agotamiento, pero el clima nublado favoreció un avance más rápido hacia la meta.
Durante el recorrido, el grupo se detuvo para rezar Laudes en comunión con la Iglesia, reforzando el sentido espiritual del viaje. Al alcanzar el Monte do Gozo pudieron contemplar la catedral de Santiago a lo lejos, símbolo de la proximidad al destino final. La entrada a la ciudad fue un momento de celebración conjunta, cantando y tomados de la mano, reflejando el espíritu comunitario que acompañó toda la peregrinación.
Una vez en Santiago, los participantes disfrutaron de un tiempo libre en la Plaza del Obradoiro para recorrer la ciudad antes de regresar al albergue. Allí celebraron una Eucaristía de cierre, en la que se enfatizó la compasión hacia los más necesitados y el compromiso de trasladar los aprendizajes del Camino a la vida diaria. El encuentro culminó con un toque especial en el jardín, donde compartieron reflexiones personales, agradecimientos a Dios y reafirmaron la fe que sustentó la travesía.
Este viaje dejó una huella profunda en los peregrinos, quienes reconocieron que no caminaron solos, sino acompañados por la fe en Dios en cada paso, en las dificultades y los momentos de superación. La experiencia se vivió como el fin de una etapa y el inicio de un camino nuevo, con la certeza de que, tal como en la vida, el apoyo espiritual fue fundamental para alcanzar la meta.
