En el lienzo de 'Las Meninas' de Velázquez, entre figuras icónicas como la infanta Margarita y el propio pintor, destaca la presencia firme y seria de María Bárbola, la enana de corte. Lejos de ser un simple accesorio de la escena, esta figura mantiene la mirada del espectador y desafía la percepción tradicional al mostrar una dignidad inusual para personajes con discapacidad en el siglo XVII.

María Bárbola, también conocida como Mari Bárbola o María Bárbara Asquín, fue una enana de origen alemán al servicio de la reina Mariana de Austria. Los archivos revelan que gozaba de salario y manutención, lo que confirmaba su estatus dentro del entorno real. Velázquez la retrató sin caer en la caricatura ni en la burla, otorgándole un espacio de protagonismo visual que ha trascendido siglos.

El reconocimiento literario de esta figura se debe al relato de José Jiménez Lozano, Premio Cervantes en 2002, quien decidió darle voz a quien habitualmente permanece en los márgenes del relato histórico y artístico. En su texto, Jiménez Lozano transforma a María Bárbola en la protagonista central, no para narrar grandes eventos o hazañas, sino para reivindicar su dignidad y permanencia.

El escritor se enfoca en la paradoja que supone que una persona que era ignorada o incluso menospreciada en vida, ahora es inmortalizada por uno de los artistas más grandes de la historia. Su relato recuerda que, aunque María Bárbola no tuviera voz ni protagonismo en su época, su imagen y su mirada permanecen fuertes y significativas, invitando a una reflexión sobre la memoria y la visibilidad de los personajes olvidados.