Un equipo internacional de físicos confirmó experimentalmente un fenómeno teórico largamente esperado, conocido como el efecto Thomson transversal, que describe cómo un material puede intercambiar calor dependiendo de la orientación de un campo magnético aplicado perpendicularmente a corrientes térmicas y eléctricas.
Este descubrimiento surge después de que durante casi dos siglos la física planteara la posibilidad de que el calor pudiera cambiar de dirección dentro de ciertos metales y semiconductores, aunque hasta ahora era imposible medirlo con la tecnología disponible.
Para evidenciarlo, los científicos utilizaron una aleación semimetálica de bismuto y antimonio (Bi₈₈Sb₁₂), aplicando simultáneamente una corriente térmica, una corriente eléctrica y un campo magnético en direcciones ortogonales. Emplearon avanzadas técnicas de imagen termoeléctrica capaces de detectar modificaciones térmicas extremadamente sutiles, lo que permitió observar patrones de calentamiento y enfriamiento inexplicables por fenómenos termoeléctricos tradicionales.
Lo más revelador del experimento fue que al invertir la dirección del campo magnético, la aleación cambiaba su respuesta térmica, pasando de liberar calor a absorberlo. Esto implica que, sin alterar la composición del material, se puede controlar su comportamiento térmico simplemente girando el campo magnético aplicado, un rasgo que no se observa en el efecto Thomson convencional.
Este fenómeno transversal responde a la interacción conjunta de los efectos Nernst y Ettingshausen, procesos termoeléctricos en los que el calor y la corriente eléctrica se cruzan en direcciones perpendiculares, además del conocido efecto Seebeck. Su detección abre la puerta a aplicaciones futuras en el control térmico a nivel microscópico y el diseño de dispositivos termoeléctricos más eficientes.
El hallazgo fue publicado en la revista Nature Physics y marca un avance importante en la comprensión de las interacciones entre calor, electricidad y magnetismo en materiales sólidos.
