Odile Mansuy mantiene un hábito diario que comenzó en su adolescencia y que se ha convertido en una rigurosa crónica personal desde 1962. Cada día dedica unos minutos a registrar con detalle sus actividades, gastos y hasta las condiciones del clima, siguiendo una tradición familiar iniciada por su abuela y su madre, que también llevaban diarios aunque de manera menos exhaustiva.

Esta práctica constante le permite a Odile no solo conservar un registro personal, sino también controlar su economía doméstica y recordar con precisión aspectos que la memoria suele olvidar. Las notas incluyen desde las compras en el supermercado hasta los nombres de las personas con las que se reúne, organizadas con un sistema de colores para distinguir temas laborales, económicos y personales.

Odile utiliza desde hace décadas dietarios específicos para anotar su «crónica de la vida cotidiana», un recurso que, sin proponérselo, se ha transformado en un valioso archivo histórico. Los documentos reúnen información sobre costumbres, precios en pesetas, recortes de periódicos de años pasados y datos meteorológicos que pueden servir para analizar cambios sociales y climáticos en la región.

Este registro continuado ofrece una mirada detallada a la vida común y el devenir de su ciudad. Odile reconoce que, aunque su meta inicial es el orden personal, estos apuntes podrían ser de gran utilidad para científicos o historiadores interesados en la evolución del entorno y la sociedad.

Además, las libretas han generado situaciones insólitas, como cuando amigos han recurrido a sus anotaciones para resolver discusiones sobre eventos específicos, por ejemplo, el clima en una determinada fecha, confirmando así la riqueza informativa de su archivo personal.