Intel logró resolver problemas de rendimiento en su proceso de fabricación 18A, lo que permite pasar de la incertidumbre a la producción en masa con niveles de calidad cercanos a los estándares más altos de la industria. Esta mejora representa un alivio para la empresa tras meses de dificultades y pone en marcha el lanzamiento de nuevos procesadores competitivos.
Las plantas de Hillsboro y Phoenix alcanzaron una capacidad de producción mensual de alrededor de 30.000 obleas, un volumen que garantiza el abastecimiento suficiente para evitar escasez en los próximos lanzamientos. Aunque todavía no se publicaron datos exactos sobre el porcentaje de chips funcionales por oblea, Intel se acerca a la excelencia requerida para recuperar terreno frente a rivales de alto rendimiento en el mercado.
El próximo paso en esta evolución es la variante 18A-P, que promete mejoras significativas: se anticipa un aumento del rendimiento de hasta un 9% en modo de máxima potencia, junto con una reducción del consumo energético del 18%, característica clave para portátiles y dispositivos móviles. De esta forma, Intel combina volumen con eficiencia y mejor desempeño, un factor clave para sostener su competitividad.
En paralelo, se perfila para 2027 el lanzamiento de la generación Nova Lake, cuyo diseño apela directamente a enfrentar a la serie Ryzen X3D de AMD, especialmente en el segmento de videojuegos donde la demanda de potencia y núcleos es elevada. Intel apuesta a que su proceso 18A funcione con la precisión y estabilidad necesarias para cumplir con las exigencias de este nuevo desafío.
Otra estrategia importante de Intel radica en abrir sus fábricas a terceros. En particular, se sabe que Apple ha iniciado pruebas con sus instalaciones, apuntando a consolidar a Intel no solo como fabricante de sus propios chips, sino también como un proveedor clave en el sector para empresas externas que buscan fundición avanzada.
