La economía rusa muestra signos claros de desgaste que impactan directamente en su capacidad para mantener la guerra en Ucrania. La falta de combustible, provocada por la reducción y luego prohibición de exportaciones por orden de Putin, limita el abastecimiento interno en sectores clave como la agricultura y las fuerzas militares, con consecuencias que se evidencian desde largas filas para cargar gasolina hasta la imposibilidad de garantizar el transporte militar.

Este escenario se agrava con una serie de dificultades financieras que exhiben una economía en crisis: el impago de préstamos, el incremento de quiebras y el deterioro del mantenimiento de infraestructura como el ferroviario. Frente a estas limitaciones, Rusia intentó financiarse mediante la emisión de deuda en yuanes, reflejando la imposibilidad de acudir a mercados internacionales tradicionales.

La intensificación de ataques selectivos ucranianos contra infraestructuras estratégicas como refinerías ha profundizado la crisis energética rusa, evidenciando ante la población y la comunidad internacional el impacto real del conflicto y contraargumentando la propaganda oficial sobre una supuesta ventaja en la guerra.

En lo financiero, el Banco Central ruso implementó una política de "relajación monetaria", que implica presionar a bancos nacionales a comprar deuda estatal mientras aumenta la impresión de moneda para sostener al Gobierno, dado que no logra colocar deuda en mercados externos ni en la mayoría del interno. Además, se anunció la posibilidad de congelar y embargar ahorros de extranjeros en bancos rusos, una medida que refleja la magnitud del aislamiento financiero y la pérdida de confianza en el sistema.

Desde hace semanas, los ciudadanos rusos retiran efectivo en una cantidad inusitada y crecen las compras de oro en el mercado mundial, indicadores claros de incertidumbre económica y desconfianza en el sistema financiero nacional. Esta situación se complementa con una creciente expresión crítica hacia la gestión de la guerra y la propia situación interna, observada en canales de Telegram vinculados a nacionalistas y militares, así como en redes sociales de figuras públicas y ciudadanos comunes.